Sexta Parte

COREOGRAFÍA. Al son de esta música se realiza la danza. En el capítulo de la clasificación y en el de la historia el lector ha recogido las referencias necesarias para conocer las variantes formales y para imaginar las complejidades del zapateo mismo. Un bailarín solo hace oír una serie de fórmulas rítmicas mediante golpes que da contra el suelo principalmente con la planta, con la punta y con el talón. Los golpes se lanzan desde todos los ángulos. No consiste, pues, el arte de zapatear en los golpes mismos, sino en la combinación de ángulos. No es imposible la representación gráfica de algunas mudanzas si uno se limita a indicar, mediante dibujos, el asiento de la planta, de la punta o del talón; lo que complica una posible escritura es el trayecto del pie que descarga el golpe, el trayecto que no termina en descarga. . . En el momento de entregar estas páginas a la imprenta sigo con la preocupación de perfeccionar el método gráfico que, en una fórmula elemental, anticipé en 1944 en mi monografía sobre el Gato. Este método suministra cuatro indicaciones coordinadas: 1) el número de orden de cada percusión; 2), la duración musical de cada percusión mediante una nota sin altura de sonido; 3) , el dibujo de la planta o parte de ella que produce la percusión, cuando hay golpe sobre el piso; 4), las letras i-d para indicar, si es necesario, cuándo el movimiento está a cargo del pie izquierdo o del derecho. Si la forma e inclinación de cada dibujo resulta suficientemente clara, podemos eliminar estas letras indicadoras.

Nuestro método parece apto para explicar cierto número de fórmulas no demasiado complicadas. Así, vamos a ofrecer, para los interesados en la práctica del Malambo (y de todos los bailes que requieren zapateo) por lo menos la fórmula primaria o común, sus variantes inmediatas, y una fórmula de seis percusiones también elemental.

Propósitos de mayor claridad nos han inducido a rayar la superficie de los dibujitos cuando el pie soporta el peso del cuerpo, y a puntear una parte cuando en ella se apoya el bailarín mientras levanta la otra parte y descarga la percusión, es decir, por ejemplo, cuando se apoya en la punta y golpea con el talón.

A la vista el cuadro, estudie el lector las explicaciones siguientes:

Ejercicios previos. Como la fórmula primaria, si no es muy difícil, tampoco es demasiado sencilla para quien se inicia, y con el objeto de facilitar su acceso gradual donde falta el maestro, me ha parecido pedagógicamente adecuado anteponerle dos fórmulas teóricas preparatorias que —está dicho— no son verdaderos zapateos.

Hemos anotado que la velocidad metronómica del Malambo (y de los zapateos en general) es de 100-120 corcheas por minuto. Como suele faltar el metrónomo, sugerimos el uso del reloj común: dos números por segundo, o poco menos. Pero se tendrá buen cuidado de iniciar estos ejercicios con toda lentitud y de aumentar la velocidad sin precipitarse.

Ejercicio número 1. Con el cuerpo erguido y aplomado, y los brazos sueltos y extendidos al costado, el danzante se plantará con los tobillos separados unos quince o veinte centímetros. Iniciará entonces un movimiento lateral, regular, de péndulo con todo el cuerpo, mientras cuenta… Pero como los nombres de los números son inadecuados para la cuenta, aconsejo el siguiente silabario: tán-ta-ta/tán-ta-ta/etc, que corresponde a los números 1 a 12. Con la primera sílaba acentuada, tan (1), asienta el pie izquierdo y, mientras “cuenta” ta-ta (2-3) hace sobre él un movimiento de hamacada izquierda sin nuevo golpe de pie; siempre apoyado en el izquierdo, el pie derecho, que acaba de avanzar por el aire y regresa, roza el suelo con la punta en el segundo tan (4), deja correr las sílabas tata (5-6), mientras se hamaca hacia la derecha y asienta de planta, apoyando el peso del cuerpo, en el tan (7). Aquí empieza la misma serie al revés: dos números sin golpe, roza la punta del izquierdo en 10, otros dos números vacuos y asienta la planta izquierda en (1) para recomenzar. En resumen: se camina “sin avanzar” un paso con la planta de un pie y otro con la punta del otro, pero contando dos números muertos entre cada “paso”. Se repetirá el ejercicio hasta dominar los movimientos.

Ejercicio número 2. Exactamente los movimientos del anterior, pero se les añaden las percusiones de taco sobre los números 3 y 6 (pie derecho) y 9 y 12 (pie izquierdo). Dijimos que las puntas del ejercicio anterior rozaban de regreso; pues bien, éstas rozan de ida, es decir, cuando el pie se lanza hacia adelante, de modo que preceden a dichas puntas (4 y 10) ya las plantas (7 y 1). Siempre, las rodillas un poco dobladas.

Zapateo primario (A). Hecha la práctica de los precedentes ejercicios preparatorios, se puede emprender con menor dificultad la realización de esta fórmula de zapateo. Basta con agregar al ejercicio número 2 las percusiones de taco número 5 y 11. El pie izquierdo, que asentó la planta en el número 1, quieta la punta, levanta el taco y descarga el golpe 5; de igual manera, el derecho, que asentó en 7, percute el 10 con el taco. En nuestro gráfico, las plantas están punteadas. Esta es una verdadera mudanza, pero casi maquinal, escueta. Es necesario darle algún vuelo.

Zapateo primario (A) con desplazamiento frontal del apoyo. Aunque el zapateo consiste en series de zapateos “en el lugar”, la fijación en el sitio no debe ser rigurosa. Hemos visto que las anteriores percusiones de punta y taco no son verticales, sino rasantes, es decir, que el pie se está moviendo con cierta soltura y amplitud y que toca al pasar. Tenemos que añadir que las percusiones de taco 5 y 11 últimamente añadidas, pueden convertirse en desplazamientos de todo el cuerpo hacia atrás. Cuando el pie que apoya con toda la planta en 5 y 11 levanta el taco para descargar la percusión, el danzante, en vez de percutir y mientras el taco está en el aire, tira la pierna hacia atrás mediante rápido impulso y hace que la punta se deslice sobre el piso hasta ocupar el punto en que debió caer el taco. Para hacer este movimiento es indispensable que el danzante roce apoyando en las percusiones inmediatas precedentes (4 y 10). Si apoya plenamente en 5 y 11 no podrá desplazar el cuerpo sino con violencia.

Zapateo primario (A) con desplazamiento lateral del apoyo. Es como el anterior, pero el desplazamiento, en las percusiones 5 y 11, se produce hacia uno y otro lado. También aquí es indispensable que las percusiones precedentes (4 y 10) reciban buena parte del peso del cuerpo al rozar; pero, además, el pie derecho rozará el suelo en el número 4 unos veinte centímetros a la derecha, para dar lugar al desplazamiento que hará en 5 el izquierdo en la misma dirección, y lo mismo, hacia la izquierda, el izquierdo en 10, para que el derecho se desplace en 11.

Zapateo primario (A) con roces cruzados. Exactamente la fórmula primaria que estamos considerando, pero con las siguientes modificaciones en cuanto a los ángulos de percusión: asentado el pie izquierdo en 1, el derecho se lanza rozando con el taco en 3 y sigue por el aire hasta que el talón se coloque delante de la punta del izquierdo y, sin detenerse, completa el cruce regresando por el lado izquierdo del pie asentado mientras roza al pasar la percusión número 4, de modo que termina por formar una especie de letra X con el otro. Aquí el izquierdo, que permaneció fijo, hace la percusión de taco número 5, y a continuación, el derecho que se cruzó te “descruza” rozando con la punta en 6 y asentando la planta en 7. En seguida se cruza y “descruza” el pie izquierdo tal como lo hizo el derecho. Los rozamientos de los pies que cruzan no son ni pueden ser plenos tacos y puntas, sino toques de costado. Ya práctico en esta mudanza, el danzante puede añadirle el desplazamiento frontal en 5 y 11 tal como vimos.

Zapateo de seis percusiones (B). Con todo lo antedicho considero innecesario dar más explicaciones para esta fórmula. Basta con la observación del gráfico. Cuando lo haya hecho en su forma más sencilla, el bailarín puede agregarle los desplazamientos en 4 (cuatro) y 10 (diez).

Las precedentes fórmulas, realizadas con soltura, constituyen el punto de partida de más ambiciosas combinaciones. El danzante mismo puede concebir otras fórmulas, aun cuando recaiga en muchas ya conocidas. Pero si aun necesita guía, y hasta tanto ampliemos nosotros el repertorio, obtendrá provecho consultando dos teorías recientemente aparecidas *. Una, que se debe a don Joaquín López y Flores, explica con detención una veintena de fórmulas y variantes; la otra, obra de don José Abelardo Lojo Vidal, consiste en una serie de folletos en cada uno de los cuales el autor describe cuatro fórmulas con primorosas y minuciosas ilustraciones.

EL ESPECTÁCULO. Si se trata de exhumar el Malambo a base de los zapateos que se han conservado por tradición, es necesario tener en cuenta fechas y lugares.

CRONOLOGÍA. NO hay dificultad en “poner” el Malambo dentro de los términos del siglo XIX en la campaña pampeana o las zonas del centro y del noroeste, siempre en el ambiente popular. Estos límites pueden extenderse a las dos últimas décadas del siglo XVIII y a las dos primeras del XX.

CARÁCTER. Es danza ruda pero sobria. De ningún modo pueden aceptarse, sin alterar su estilo, los saltos violentos, las contorsiones desgobernadas y los movimientos acrobáticos. La mesura es su característica tradicional en la Argentina.
* Se refiere al autor a las obras Danzas Tradicionales Argentinas. Buenos Aires, 1949 y Primer Manual de Zapateo Argentino. Buenos Aires. 1952, respectivamente. [Nota del corrector].
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Fuente: Las danzas populares argentinas tomos I , Instituto Nacional de Musicología “Carlos Vega”, Bs. As., 1986.