Cuarta Parte

Un militar inglés2 de los que se alistaron en 1817 en la causa de la Independencia, observó al año siguiente en Guayana la Vieja, Venezuela, una danza individual cuyo nombre omite. Cuenta que en un baile que ofreció el gobernador, se levantó un joven criollo y pidió que le hicieran sitio. Después de haber bailado solo alrededor de la habitación durante uno o dos minutos, se puso a hacer figuras ante una dama, a la que hizo un saludo, y se retiró. Al punto levantóse ella, ejecutó las mismas evoluciones terpsicóricas y se paró ante uno de ellos, de los militares, haciendo la reverencia para invitarlo a su vez a que mostrara sus habilidades. Dice que el inglés protestó, pero que lo empujaron al centro y que, obligado, se puso a hacer piruetas con todas sus fuerzas, entre aplausos. Esta danza se parece mucho al antiguo Galerón de los llanos de Venezuela: baila una mujer sola, se detiene delante de un hombre y agita su pañuelo; sale él, danzan simultáneamente, ella se retira, él queda y a su vez elige. “La palmadica” se llamó en España un baile de la misma familia del que vio el inglés en Venezuela y parecido al Galerón. Dice un maestro antiguo 8 que se llamaba así, “porque aquél a quien tocaba sacar a bailar a otro, se ponía delante de aquél que elegía, y daba una palmada en sus manos en señal de que aquél había sido el elegido para salir a bailar.” En Colombia, sale “un galán en mangas de camisa, cruzados a la espalda los brazos, y comienza a zapatear solo, exhibiendo su persona y habilidad, en tanto que las maestras del arte lo miran y juzgan. Si lo hace bien, upa de ellas se adelanta, lo saluda, y emprende giros circulares rápidos”… (alrededor del hombre). A poco rato sale otra y se dirige al hombre; la que bailaba da una vuelta desdeñosa y abandona el campo”. . . —según Ancizar \ que vio esta danza a mediados del siglo pasado.

“Le sapateo était leur danse favorite” —escribía Lafond de Lurcy19 allá por el año 1825 refiriéndose a los pobladores de San Blas, Panamá. Y añade que se llamaba así “porque en ella se marca el compás con golpes de pie más o menos violentos y precipitados”.. . Era danza de pareja.

Julien Mellet23, en 1825, con referencia a Chile, y Antonio Joseph Pernetty26, en 1763, con referencia al Uruguay, dieron sendas descripciones del Zapateo. Carecen de valor, sin embargo, porque ambas reproducen páginas de Frézier que veremos enseguida.

Allá por los años 1790-1794 Tadeo Haénke vio en Lima, Perú, varias danzas individuales: “Distínguense sus danzas con los nombres de Tarengo, Caballo cojo, Don Mateo, el Torito, el Matatoro, el Zango, el Agua de Nieve, etc. —escribe en su Descripción del Perú—. Y agrega: “Por lo general baila uno solo; y el mayor aguante constituye su habilidad.”

Francisco Amadeo Frézier”, “Ingénieur Ordinaire du Roy” de Francia y de Navarra, fué un distinguido oficial del ejército francés. Ocupó elevados cargos; mereció honores.

Escribió cuatro libros relacionados con su profesión. El se¬gundo de ellos nos interesa aquí. Durante los años 1712, 1713 y 1714, Frézier realizó un viaje a las costas de Chile y del Perú. El resultado de sus estudios y observaciones está contenido en el libro “Relation du voyage de la mer du Sud aux cotes du Chily el du Pérou”, que publicó en París el año 1716, con nueva edición en Amsterdam, 1717, e inmediatas traducciones. Dio la vuelta al Cabo de Hornos; ya en el Pací¬fico, demoró un año en las costas de Chile y siguió luego hacia las del Perú. Observa aquí, en 1713, la vida de los criollos peruanos y se extiende complacido en el detalle de sus hábitos, vestidos, etc.; en fin, dedica una interesante página a las danzas locales y reproduce la música de un “Sapateo”, cronológicamente la primera notación de un baile criollo. El ambiente, al menos, es criollo.

“En sus casas —cuenta el viajero— las damas reciben a las visitas con mucho agrado y se complacen en distraerlas tocando el Arpa o la Guitarra, que acompañan con la voz; y si se les ruega que dancen, acceden con mucha complacencia y amabilidad.”

“Su manera de danzar es casi enteramente diferente de la nuestra —que estima el movimiento de los brazos y alguna vez el de la cabeza—. En la mayor parte de sus danzas, las bailarinas tienen los brazos pendientes o doblados bajo el reboso con que van cubiertas; de suerte que no se ven más que las inflexiones del cuerpo y la agilidad de los pies. Tienen muchas danzas figuradas en las que se quitan el mantón, pero el atractivo que ellas les imprimen, es obra más bien de acciones que de gestos.”

“Los hombres danzan más o menos en el mismo estilo, sin abandonar sus largas espadas, cuyas puntas mantienen adelante para no tener embarazo en sus saltos y en sus inclinaciones, tan grandes a veces, que se los tomaría por genuflexiones. Yo habría querido saber Coreografía para describir algunas de sus danzas. Daré sin embargo aquí el aire de una de aquéllas que son tan comunes entre ellos como el minué en Francia: se llama Sapateo, porque se danza golpeando alternativamente con el talón y la punta del pie, y haciendo algunos pasos y flexiones sin cambiar mayormente de sitio. Se verá por este trozo de música el estilo seco que domina en la pulsación del Arpa, de la Vihuela y de la Bandola, que son casi los únicos instrumentos usados en el país. Estos dos últimos son especies de guitarras, pero la Bandola tiene un sonido mucho más agudo y más fuerte. Débese notar que el bajo ha sido hecho en Francia, según el estilo del Arpa.”

He aquí, en plena Colonia, una danza individual a base de zapateos en el sitio, y ejecutada por caballeros de espada al cinto en los altos salones. La música no tiene nada que ver con la criolla folklórica, y el baile mismo carece de relación con nuestras danzas de pareja; pero sus elementos coreográficos son, esencialmente, los de las danzas individuales de zapateo que, con éste o con otros nombres, se conocieron en Hispanoamérica.

No está solo, pues, el Malambo argentino. Hemos dicho que pertenece a una clase universal y, acercándonos, a la gran corriente occidental de danzas individuales cuyas consecuencias en América hemos examinado en las páginas precedentes. Su elemento básico, el zapateo mismo, no es sino el que Sancho ofrece a don Quijote en difundido párrafo: “Si hubiéredes de zapatear, yo supliera vuestra falta, que zapateo como un gerifalte; pero en lo de danzar, no doy puntada.” Es decir, que Sancho ignora la solemne danza de pareja, pero es diestro en la individual. Pudo haber presentado una serie de mudanzas. Y es el mismo —me refiero al elemento básico, al zapateo— a que alude en 1687 el historiador Xarque, citado por el P. Grenón18: “un niño de 8 años hará 50 mudanzas (danzando) sin perder el compás de la vigüela o harpa con tanto aire como el español más ligero.” Se trata de un niño criollo y, acaso, de tierra argentina. No lo dice el autor citado.

Este elemento primo, organizado, musicado, socializado, es el del “Sapateo” peruano, el de todos los zapateados históricos y folklóricos, el del Malambo. Sin forzar las relaciones, podemos notar que la voz malambo, como nombre de danza, se conoce en el Perú y en Chile, vía descendente que transitaron muchos de nuestros bailes picarescos. Además, fué en el Perú danza de los salones aristocráticos, lo cual le asegura general descenso a las clases populares y amplia dispersión. No es imposible, así, que nuestro Malambo sea un descendiente del “Sapateo”, de nuevo bautizado en un barrio bajo de Lima, precisamente en el barrio llamado Malambo. No debemos olvidar que, con el nombre de Zapateo traducido al quichua, sobrevive en el Perú una danza zapateada de hombres solos; que con el mismo rótulo, sin traducción, se conoció en el noroeste argentino un Zapateo en competencia; y que, con el nombre de Agua de nieve, los peruanos realizan hasta hoy una justa de zapateadores exactamente igual a la de nuestro Malambo.

Fuente: Las danzas populares argentinas tomos I , Instituto Nacional de Musicología “Carlos Vega”, Bs. As., 1986.