Tercera Parte

ORIGEN. Las danzas individuales son, con las colectivas, las primeras danzas humanas. Pertenecen, por lo tanto, a los capítulos iniciales de la prehistoria. Y a los demás; porque los ciclos posteriores conservaron algunas de sus formas, si no el sentido primitivo. En el trance de la pubertad, danzaba sola la mujer aborigen para conquistar los beneficios de la fecundidad; danzaba solo el hechicero para conjurar la adversidad. A través de milenios, Europa occidental heredó las formas individuales. Ya pasada la Edad Media, un hombre bailaba solo delante de la procesión del Corpus en Galicia.

Sin embargo, las danzas individuales no son hoy abundantes. Sin pretender que sea simple la explicación de lo complejo, consideramos posible que la disminución de las danzas individuales —como la de las colectivas— se deba principalmente a la exaltación de las danzas de pareja, última creación del hombre. En estas danzas la persona del sexo opuesto ha dejado su posición de espectadora o su indiferente colocación en el móvil grupo comunal y se adelanta a compartir la actividad junto al compañero. Nada menos. Como hombre, confieso haber recibido con agrado esa colaboración. La misma danza de una pareja solitaria en el salón, cede el campo a las danzas en que muchas parejas combinan sus movimientos —como la Cuadrilla— y a las que se mueven por su cuenta al mismo tiempo que todas las que caben en la sala —como las modernas—. Se prefiere la compañía del sexo opuesto; quieren bailar todos. Entre las danzas que son hoy comunes en los salones occidentales no hay ninguna danza individual; en cambio, aún perduran como espectáculo en los tablados y vegetan en la campaña.

Si dejamos de lado las danzas de la antigüedad, todavía en gran parte propiciatorias, y las medievales, en que se acentúa la disminución del sentido mágico o religioso y acrecen las consideraciones a la dama, hallaremos, ya en los tiempos modernos, varias danzas individuales de esparcimiento —no totalmente libres de subalterna significación-precursoras del grupo a que pertenece el Malambo sudamericano. Pero el propósito de esclarecer el pasado de estas danzas tropieza a menudo con el hecho de que, por lo antedicho, el baile individual suele convertirse en danza de pareja y aún en danza comunal o de varias parejas conexas. Habrá, pues, que sortear dificultades.

Por antiquísima se tiene la gran corriente de danzas femeninas individuales, zapateadas, taconeadas, de inquietas caderas y móviles brazos, árabes, orientales, permanentes en el Mediterráneo occidental, en España, visibles hasta hoy en los escenarios. De esa corriente se desprendieron algunas en diversas épocas y ascendieron al plano europeo superior. Una de ellas, la Morisca, tuvo gran importancia desde el siglo XV; incluía “un zapateado de punta y tacón”. En el siglo siguiente, es el Canario una de las danzas favoritas. Triunfante en Francia, fué en sus mejores tiempos baile de pareja; pero es el caso que Antonio Cairón8, siguiendo a Casiano Pellicer, dice que el Canario es lo mismo que el Zapateado y la Guaracha y que sólo se diferencian en el nombre, “pues todos tres constan de la misma especie de pasos, que deben ser rastreros, y llenos de redobles y repiqueteos”. Añade: “todos tres los baila una persona sola”.

Un antiguo baile español llamado la Gira o la Girada, consistía, según el mismo Cairón, “en colocarse una persona dentro dé un círculo que se señala, en tierra, y del cual no debe salir entretanto, que con los ojos abiertos da mil vueltas alrededor, haciendo juegos con espadas, con platos, y equilibrios, poniéndose algunas veces un vaso lleno de agua sobre la frente, sin derramar gota alguna, entretanto que sigue dando vueltas sobre un pie, sirviéndole el otro como de remo para poder girar.” No deja de ser una curiosidad la difusión o la reinvención de nuestros conocidos complementos: la superficie marcada en el suelo, el vaso de agua en la cabeza, el juego con espadas —que recuerda vagamente el entrechoque pampeano de los cuchillos—. . . Parece que no es mucho lo que se inventa.

El Lundú luso-brasileño del siglo XVII (Ondú, Londú, Landún) fué individual: “no consta nada más que de algunos pasos rastreros, y otros tantos movimientos del cuerpo, que no tienen dificultad alguna, y que son algo descompuestos: el que baila se va acompañando y marcando el compás con ciertos castañetazos que dan los dedos unos contra otros.” En el Villano, otro baile español, el ejecutante acompaña la música con las manos, “dándose alternativamente con ellas en los pies, y algunas veces en el suelo” .. .—según Cairón—. Y añade Esquivel Navarro en 1642: “Voleo se obra en el Villano. Es un puntapié que. se da en algunas mudanzas de él, levantando el pie lo más que se pueda”. . . En cuanto a las célebres Folias, suelen ser ejecutadas por “uno solo con castañuelas.” Digamos de paso que, mientras avanza el proceso superior que transforma en aparejadas las danzas individuales, una técnica mediterránea secundaria reconvierte las de pareja en individuales. Pocas, como el Solo Inglés —que estudiamos en otras páginas—, fueron constantemente danzas de una persona.

Tan pronto como hubimos de considerar los bailes de zapateo en España, se nos presentó la voz “zapateado” como nombre de danza; su contracción, “zapateo”, también como rótulo, ya nos ocupó antes, y nos ocupará especialmente en siguientes parágrafos.

Vimos antes que el antiguo Canario recibió después los nombres de Guaracha y Zapateado. En 1830 y desde Francia, Blassis 0 dice que este último tiene “el mismo movimiento que la guaracha, y se escribe en 3×8. Hay en esta danza —añade— mucho ruido de pies; sus partes son, por así decir, golpeadas como las de la anglaise y la sabottiére.”

Ch. Davillier11 anduvo por España hacia 1862 y tomó entonces las notas que publicó en su Voyage en Espagne. Dice, también en pos de Pellicer, que el Canario es más o menos “la misma danza que la Guaracha y el Zapateado” y que “en estas tres danzas, los movimientos de los pies, que eran extremadamente vivos, desempeñaban el papel principal. El nombre de Zapateado —agrega— es todavía popular, y este baile, uno de los más conocidos entre los de Andalucía, se danza aún frecuentemente y obtiene siempre gran éxito, pues si bien ha sufrido francas alteraciones con el tiempo, no ha perdido nada de su gracia primitiva.” En otro lugar añade Davillier: “El Zapateado es, acaso, el más vivo de todos los pasos andaluces y nada hay más gracioso ni más ardiente. Ordinariamente es bailado por una mujer sola, que otra reemplaza cuando la primera está fatigada.”

Los bailes individuales pasaron a América francamente en todos los tiempos, hasta el momento de la emancipación, en que disminuyeron los envíos. Varios nombres los distinguen, pero se encuentran con mayor frecuencia los que derivan de la voz “zapatear”. Así, tenemos Zapateado y Zapateada, Zapateo y Zapatea (este último, probable error de extranjeros).

Los folkloristas han recogido varias danzas llamadas con tales nombres. Julio Avzeno3 describe un Zapateo, de Santo Domingo, pero es danza de pareja: “todo este baile no simula más que una amorosa persecución.” En cambio, M. y R. d’Harcourt17 observa en el Perú una danza de hombres solos llamada ttakteo (del verbo quichua ttaktani = zapatear) que “consiste en un golpeteo muy rápido de pies sobre el suelo, sin cambiar de lugar, danza que, a falta de gracia, requiere mucha agilidad.” No dicen los autores si es baile de competencia.

El Agua de Nieve pasó de España con este nombre. En el sur de Chile se ha conservado hasta principios de este siglo, pero como baile de “dos o cuatro” —según Cavada9— y “se baila como la Sajuria”, es decir, “zapateando y escobillando”. En el Perú, según tradiciones recogidas hacia 1870, se habría bailado en el siglo XVIII, y se nombra en una pieza teatral de 1842. Pero una de las formas que con ese mismo nombre ha llegado hasta nuestros días en algunas poblaciones peruanas, es individual y de competencia: “dos hombres frente a frente zapatean alternadamente hasta que uno se da por vencido.” Esta es, exactamente, la del Malambo pampeano.

El Zapateo que ve Sánchez de Fuentes30 en Cuba es el mismo de Santo Domingo: lo baila una pareja “que se mueve con pasos cortos y taconeados, persiguiendo el hombre a la mujer”. . .

Abundan las observaciones de antiguos pasajeros. En Nicaragua, Pedro Levi20 halla “el zapateado de Cádiz” en 1871. Poco antes, Ramón Páez25 habla del Zapateo en los llanos de Venezuela: “Pero nosotros teníamos excelentes bailarines de Zapateo, especie de giga en que la mayor parte de nuestros hombres desplegaban una inspiración y una flexibilidad de pies y de tobillos”. ., André Bresson7 observa en el Perú hacia 1870 que .. .”La resbaloza, la zapatea, la zamacueca, y otras danzas nacionales, han sido destronadas por la cuadrilla, la polca y el vals”… (en los salones) según escribe, siguiendo muy de cerca a Max Radiguet. En otro lugar y con respecto a Bolivia, dice Bresson: “Las danzas nacionales o bailecitos de tierra son ejecutados por una o dos parejas de bailarines; pero en un momento dado, las cabezas se excitan, toda la asamblea ejecuta la zapateada batiendo palmas y meneándose a compás a cual mejor.” Es decir, una danza individual… colectiva. Más claramente que Bresson nos lo cuenta Paul Marcoy22 que presenció el mismo espectáculo en el Cuzco, Perú, años antes: una vez que los participantes de la reunión familiar habían bebido lo bastante, se entregaban mezclados y confundidos, sin distinción de clases, edades y sexos, a un cadencioso y loco escobilleo llamado zapateo, última vuelta del baile, la llamarada final. Todos los danzantes se esfuerzan al extremo, desdeñando detenerse, hasta que, de fatiga y sofocación, sus rodillas se doblan.

La que vio Max Radiguet27 en Lima hacia 1841-1845 era danza de pareja. Dice que si uno espía por la rendija en una cas., de segundo orden, puede ver a una joven que, delante de un caballero, se entrega “a las delicias de la zapatea”… y agrega en otra página que esas danzas nacionales “a penas encuentran hoy intérpretes en los salones”.

Muy imprecisamente se refiere Duflot de Mofras12, que publicó su obra en 1844, a un baile individual de California: “Existe cierto paso llamado el son, ejecutado por una persona sola.” Y en 1838 Juan Parish Robertson28 vio en Itapua, Paraguay, cómo. . . “Se levantó doña Juana con sus ochenta y cuatro años y bailó un zarandín o zapateado”.

W. S. Ruschenberger29, vio en Lima, Perú, en 1833, una danza llamada El Zapateo, pero no da detalles. Sin embargo, nos importa mucho la mención, porque esta vez el nombre es zapateo. Después veremos. Poco menos nos interesa, en cambio, que las academias de Cuba enseñaran en 1832 el Zapateado de Cádiz, o que el señor Cañete bailara “el Zapateado” en 1830 “por sí solo” —como dice el diario— en el teatro de Buenos Aires. Hoy mismo las danzas españolas se ejecutan en los teatros y se enseñan en todas partes sin que los centros sociales, el salón urbano, el repertorio en boga, tengan mucho que ver con ellas. Alcide d’Orbigny24 anotó en las chinganas de Valparaíso, Chile, en 1830, el nombre de Zapateo; así se llamaba allí una danza, probablemente de pareja y popular.

Fuente: Las danzas populares argentinas tomos I , Instituto Nacional de Musicología “Carlos Vega”, Bs. As., 1986.