PRIMERA PARTE:

DANZAS INDIVIDUALES
El hombre solo o la mujer sola ejecutan la danza.

EL MALAMBO

Danza varonil y recia, el Malambo fué en la campaña argentina prueba de vigor y destreza durante todo el siglo pasado. Celebrado en fiestas, fogones y pulperías, animó las horas de esparcimiento o de descanso con el gustoso “trabajo” de su difícil realización, y dió provisional prestigio a los más hábiles y esforzados.

CLASIFICACIÓN. El Malambo es, esencialmente, la danza en que un ejecutante solo, hace con los pies, en la mínima superficie, una serie de pequeños ciclos de movimientos llamados mudanzas; es decir, que el acto de zapatear, generalmente añadido a diversos bailes, complemento de figuras, parte de más extensos tramos coreográficos, constituye aquí la totalidad del espectáculo.

Se trata, pues, de una danza individual, la principal y más difundida de la Argentina en su género.

Al apuntar que el ejecutante hace, zapateando, una serie de figuras o mudanzas separables, conclusas, queda dicho que el Malambo no consiste en un zapateo de cualquier clase. La acción de zapatear puede ser complementaria del juego de brazos y manos -como en el caso de la bailarina española-, o simple golpeteo rítmico sobre el piso que no se concrete en una sucesión de bien recortadas figuras, o medio que consienta amplios desplazamientos del bailarín. Nada de eso es el Malambo argentino. Para que un zapateo pueda recibir este nombre es necesario que produzca mudanzas en serie. Cada mudanza, como pequeña totalidad conclusa, tiene además, sus reglas “internas”. Generalmente sobre la base de un pie, menos móvil y a veces hasta quieto, el otro pie desarrolla su juego rítmico con relativa libertad y amplitud; inmediatamente debe trocarse la función de cada pie -el quieto será libre y viceversa- y han de repetirse exactamente los movimientos anteriores. Así, cuando el breve ciclo que se inició a diestra se ha reproducido a siniestra, la mudanza se completa y termina. Hay mudanzas simples, en que una sola combinación de movimientos se reproduce varias veces, y mudanzas complejas, en que dos o más rápidas combinaciones integran la figura. Por lo demás, las mudanzas propiamente dichas, empiezan comúnmente después de un corto zapateo llano, especie de “preludio”. El cuerpo no interviene, los brazos no complementan la danza; la atención del bailarín y la de los espectadores se concentra en los pies. Se trata de presentar un repertorio de mudanzas.

Con el mismo nombre de Malambo se han conocido en la Argentina especies diversas y hasta formas que rebasan los términos del juego unipersonal. Podríamos ensayar un pequeño cuadro:
MALAMBO – individual puro
– individual en competencia – en alternancia / en sucesión / ¿simultáneamente?
También con el nombre de Malambo se ejecutó una danza de pareja; con otros nombres existieron la individual estricta, la de competencia y la colectiva.

Hubo un Malambo individual puro. El danzante presentaba su repertorio de mudanzas por cuenta propia hasta que agotaba sus mudanzas o sus fuerzas. Ignoro la dispersión de esta manera -pudo haberse dado como simple exhibición personal-, pero sin duda alguna, la forma individual pura, realizada por hombre o por mujer, es la prehistórica universal que han heredado innumerables pueblos hasta nuestros días, no importa con qué nombre.

Pero el Malambo por excelencia, el de área más amplia, el que predominó sobre sus congéneres, es, en la Argentina, una justa o competencia entre dos hombres que zapatean en alterancia.

El anhelo de medirse o compararse con los demás se funda en la ambición de sobresalir y es ingénito en el hombre. No me refiero aquí a las actividades o habilidades que se conciben en función de competencia y que no pueden existir en la forma unipersonal, como la esgrima, la lucha, el boxeo, etc., sino a aquellas que el hombre puede realizar individualmente, ya en el orden físico, ya en el mental, como las de correr, saltar, hablar, cantar, danzar. El afán de preeminencia conduce al cotejo por simultaneidad, como en el correr, o por alternancia, como en el saltar; en el mismo plan de competición, la aptitud para cantar improvisando engendra el canto de contrapunto o torneo de cantores; la habilidad especializada en el zapatear engendra el zapateo en lucha, es decir, la justa de zapateadores en alternancia. A esta especie pertenece el clásico Malambo de la campaña argentina; su desarrollo termina con la derrota de uno.

Una variante de este Malambo es la que presenta tres o más bailarines, no en alternancia, sino en sucesión. Cada uno baila hasta que agota su repertorio. Haya o no proclamación de vencedores, se distingue entre los demás el que ha presentado mayor número de mudanzas o el que ha hecho las más complejas, difíciles y originales. Esta variante se conoció en la llanura pampeana y en las provincias de Santiago del Estero, Tucumán y zonas vecinas.

Parece que existió en la provincia de Buenos Aires -no he podido obtener amplia confirmación del dato tradicional- otra variante también llamada Malambo, en que el zapateo se realizaba simultáneamente por varias parejas; “las mujeres se levantan un poco las faldas con las manos.”

Fuente: Las danzas populares argentinas tomos I , Instituto Nacional de Musicología “Carlos Vega”, Bs. As., 1986.