Por: Gustavo Balmaceda – Eugenia Bedini (2011)

A primera vista puede resultar desconcertante el título del siguiente artículo. Sin embargo, en las páginas siguientes vamos a intentar relacionar ambas disciplinas, a fin de poder considerar nuestros estudios desde nuevas perspectivas.
A raíz de un trabajo de investigación en curso sobre Atuendo Tradicional Argentino en la ciudad de Salto, provincia de Buenos Aires1, recurrimos a la recopilación de material fotográfico comprendido, entre los años 1900 y 2010, y a la metodología de campo con una serie de entrevistas personales realizadas a paisanos, coleccionistas, costumbristas y ciudadanos que fusionan prendas tradicionales y actuales.
Ahora bien, ¿Qué ocurrió durante las entrevistas realizadas? ¿Qué pasó cuando nos describían una fotografía familiar? Puntualmente, y casi en forma unánime, los entrevistados al formularle la pregunta: ¿cuál es el accesorio o prenda más apreciado por usted? En general notábamos que todos se emocionaban y por un momento resultaba difícil continuar con la entrevista, ya que la mayoría manifestaba recordar a un familiar o persona muy querida que se lo había obsequiado.  Lo mismo ocurría cuando le preguntábamos acerca del significado “tradición”, o ante la descripción de una fotografía familiar.
De aquí nace la inquietud por volver inteligible este comportamiento, desde una perspectiva que superara los límites de nuestra ciencia, es decir poder hallar explicación, si es que la hubiera, desde las ciencias biológicas. Exactamente, nos decidimos indagar sobre los mecanismos que se producen o activan en nuestro cerebro cuando se nos indaga sobre estas cuestiones que apelan a recuerdos y por qué  la “memoria emocional” aparece en todas las entrevistas.
Buscar un punto de relación entre la neurología cognitiva y el atuendo tradicional argentino puede ser a primera vista  una tarea muy difícil de llevar a cabo,  al menos para nosotros. Por esta razón consultamos con alguien idóneo en la temática a explorar, el Doctor Facundo Manes, Director del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO) de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, un gran referente de su especialidad en Argentina y en el mundo, que muy amablemente nos facilitó material específico sobre “memoria emocional”, en base a nuestra consulta, para que entrecrucemos ambas disciplinas y lleguemos a elaborar el siguiente informe. Si buscamos una definición de diccionario podemos decir que  la memoria es la capacidad de codificar, almacenar y recuperar información. “La memoria emocional” está relacionada con la emoción que sentimos cuando  algo importante para nuestro bienestar está ocurriendo, por lo que se desata un conjunto de cambios fisiológicos y del comportamiento. En relación con nuestro análisis, en algunas conversaciones con vecinos de nuestra ciudad experimentábamos la emoción o la alegría cuando se nos relataba el origen o procedencia de una determinada prenda o accesorio ya que los entrevistados se remontaban a su infancia o adolescencia, lo que les provocaba el recuerdo emocional. El conocimiento explícito de las situaciones dependen de una estructura llamada “hipocampo” mientras que la “memoria emocional” depende de una estructura muy cercana denominada “amígdala”. Esto hace que la memoria emocional sea un mecanismo eficiente. Es decir, recordamos mejor aquellas cosas que tienen un contenido emocional dado que estos recuerdos suelen ser importantes para la supervivencia y la auto preservación de nosotros como parte de la sociedad en la cual vivimos. Por ejemplo, generalmente las personas mayores si la salud se lo permite, recuerdan con precisión episodios de su vida en el campo, o reconocen a los integrantes de una comisión de fomento con solo mirar una fotografía y no así una actividad que realizaron hace dos días. Esto sucede, según lo consultado, porque las emociones tienen un valor adaptativo y la memoria de ellas nos protegen frente a situaciones que amenazan nuestra supervivencia o bienestar.  El recuerdo consciente o inconsciente, de situaciones emocionalmente significativas tiene como finalidad el protegernos frente a situaciones amenazantes como por ejemplo el olvido ante el paso del tiempo, esto es típico en los coleccionistas o tradicionalistas ya que adquieren una actitud pasiva especial, mezcla de amor, de tendencias, de educación, y una capacidad de advertir que su patrimonio cultural está amenazado por tendencias opuestas o simplemente por el paso del tiempo y la evolución de la sociedad de la cual forman parte.

Nosotros, los docentes de danzas tradicionales argentinas, tenemos el compromiso de transmitir y resguardar nuestro patrimonio cultural, recordando siempre que las nuevas generaciones no tendrán “sentido de pertenencia” o “memoria emocional” de algo que no conocen. Es por eso que si bien es muy importante innovar en las disciplinas buscando nuevas alternativas, estéticas, escénicas, coreográficas, etc.,  también hay que tener presente el conocimiento de las fuentes históricas, sus orígenes y su trascendencia.
El objetivo de nuestro trabajo es volver a las fuentes, al origen, o si se quieren utilizar palabras simples a como se vistieron nuestros abuelos en nuestra zona, ya que el paso del tiempo y la evolución constante de la sociedad hace que las prendas o elementos aún tradicionales, sufran modificaciones, por moda, por estética o por desconocimiento de su origen y función.
Teniendo en cuenta que tradición significa continuidad y dicha continuidad se produce de generación en generación, por medio de la oralidad, la escritura, el ejemplo, o la combinación de ambas, cabe preguntarnos ¿qué transmite una generación a su venidera? Le trasmite el conjunto de “bienes Culturales” que identifican y representan a un pueblo y lo diferencian del resto. Por lo tanto, estimados colegas la preservación, la retrasmisión y el resguardo de nuestro patrimonio cultural es uno de nuestros desafíos como educadores

Bibliografía:
Manes, Facundo: “Lo que nos hace humanos”, revista, VIVA 13/03/2011; “La memoria emocional, nuestra mejor concejera” (Diario Clarín, 14/04/2011)
Vega, Carlos: Apuntes para la historia del movimiento tradicionalista argentino (Instituto Nacional de Musicología “Carlos Vega”, Bs. As., 1981).
Saulquín, Susana: La moda en la Argentina (Emecé, Bs. As., 1990; 2ª edición: compañía impresora Argentina, Bs. As., 1995).

Dicho trabajo busca identificar en la actualidad determinados elementos considerados “tradicionales”, y establecer en qué condiciones llegaron y como se manifiestan en el modo de vestir. Teniendo en cuenta el análisis y descripción de cada prenda de acuerdo a su datación y característica, se decidió complementar el estudio con trabajo de campo, esto es entrevistas y observación directa. De acuerdo a esta investigación podemos aproximar la siguiente clasificación: en Salto existen:1) personas que visten solo a la usanza tradicional, 2) personas que utilizan prendas tradicionales en algún momento del día, cuando su profesión o trabajo se lo permite, 3) en ocasiones específicas (ballet, músicos centros tradicionales, etc.) 4) ciudadanos que fusionan prendas y accesorios tradicionales con prendas actuales.