Usualmente, cuando escuchamos un ritmo, movemos el cuerpo de manera acompasada, casi inconscientes de esa acción. Nuestra naturaleza atávica nos atrae a la danza, una de las formas fundamentales de la expresión humana. Esto ha generado un creciente interés para la investigación científica dadas sus múltiples implicancias: kinestésicas, musicales, fisiológicas, sociales y cognitivas. El arte recibe a la ciencia para abrirse a descubrir su naturaleza evolutiva.
Es creciente el interés de los neurocientíficos de explorar por qué las personas danzan. Las primeras conclusiones indican que la música y la danza son una especie de tela entretejida entre los humanos. Para un grupo, cantar y bailar tiene ventajas evolutivas. En la antigüedad, los grupos que danzaban sobrevivían mejor que los que no lo hacían. Los individuos que se movían con más habilidad eran más atractivos para el sexo opuesto. Por un lado la danza involucra el contacto del cuerpo y en consecuencia, el acoplamiento interpersonal. Por otro, la sintonía emocional y social que acompañan la coordinación física, incluyendo los sentimientos, la empatía, la cooperación y la identidad social hacen que un grupo esté más unificado y conectado.
Todas las formas de movimiento requieren la planificación de un orden y de la sincronización del movimiento del cuerpo con un cronometrador externo, típicamente un ritmo musical recurrente. La música y la danza están íntimamente relacionadas, pero a diferencia de la música, la danza tiene una gran capacidad para la representación y la imitación, lo que sugiere que pudo haber servido como una forma temprana de lenguaje, quizás iniciada alrededor de una hoguera. Como respaldo a esta idea, numerosos estudios científicos han evidenciado que la danza activa regiones cerebrales que sugieren un origen en la necesidad de comunicarse o de expresarse, tal como el lenguaje. Y es que la danza es la quintaesencia del lenguaje de gestos.
La danza demanda un tipo de coordinación interpersonal en espacio y tiempo, una habilidad natural con la que los seres humanos venimos preparados de serie, dada nuestra capacidad para aprender patrones y estructuras. Tempranamente, siendo niños, expresamos de forma natural los ritmos, sin miedo, sin censura y de manera placentera, imitando.

Los beneficios de la danza

La práctica de la danza nos brinda múltiples oportunidades y beneficios. En este arte, la neurociencia tiene el potencial de unificar diversos dominios, incluyendo el control motor, el control del ritmo, el contacto corporal, el aprendizaje por imitación, la producción de gestos, la expresión emocional y el juego de roles teatral, entre muchos otros. En esta diversidad, podemos constatar algunos de los aspectos de la vida de un ser humano que se verán potenciados. Factores tales como mantener el sistema de memoria activo, la socialización y mantenerse físicamente en forma, pueden realmente ayudar a reducir el deterioro de las funciones cognitivas asociadas con el incremento de la edad. El investigador Jan Kattenstroth explica que la danza combina estos diferentes factores brindando un superior desempeño motor, sensorial y cognitivo en aquellos ancianos que han estado practicándola durante un buen tiempo, comparado con los ancianos inactivos. Es decir, para bailar, siempre es tiempo. No hay límite de edad ni edad ideal.
Por su parte, el neurocientífico Lawrence Parsons expresa que cantar, bailar o tocar instrumentos activa el sistema límbico y baña nuestro cerebro de endorfinas. Podemos incluir las ventajas de la incrementada neuroplasticidad cerebral que las neurotrofinas producidas durante el baile ocasionan, con su mejora sobre los procesos cognitivos. La exposición a la danza y la música tiene ventajas intelectuales que perduran en el tiempo y son útiles aun para otras actividades. Un estudio revela que la danza es capaz de mostrar diferencias en la memoria operativa que es la capacidad de recordar algunas cosas que nos son útiles para decidir algo a corto plazo. También se han encontrado mejoras importantes en las capacidades ejecutivas de planificación en los bailarines.
La maestría que adquirimos en el arte de la danza nos permite incrementar la autoestima, una cualidad extrapolable a cualquier otra actividad y a la manera de relacionarnos con otros, con nuestros desafíos y con la vida en general. Otra ventaja emergente del aprendizaje de la danza, es la autogestión emocional. Los bailarines no pueden ser demasiado emocionales porque si están distraídos emocionalmente, no podrán lograr un buen desempeño. Un actor y un bailarín muestran emociones que quieren transmitir, pero no están realmente emocionados, aprenden a regularlo. Sin dudas, muchos aspectos positivos.

El aprendizaje y entrenamiento de la danza

Hoy sabemos también que es posible entrenarse en la danza con la técnica conocida como visualización o imaginería. Se trata de ensayar un movimiento conocido en la mente, en el caso de los bailarines expertos. Sin embargo, también podemos usar la misma técnica cuando estamos intentando aprender. Podemos imaginar realizando los pasos y escuchando la música. Este ensayo mental es algo que también hacen los atletas con grandes resultados. El beneficio es que se activan y fortalecen los mismos circuitos neurales sin hacer los movimientos. Las partes del cerebro que mueven su cuerpo están ensayando mentalmente. La observación de la danza también es de gran valor para su aprendizaje. Alguna de la investigación más interesante de la neurociencia en la danza involucra este aspecto, tanto por parte de expertos como de novicios. Los hallazgos indican que observar un acto motor familiar y ejecutable, estimula no sólo las partes visuales del cerebro sino también las áreas de planificación motora. Este aprendizaje es usualmente efectuado por medio de la imitación, en la que los circuitos neurales involucrados en la imitación son los que participan de ese aprendizaje.

Próximos desafíos

Aunque la danza provee grandes oportunidades para el desarrollo y el bienestar de una sociedad, los incipientes proyectos enfrentan barreras para su avance. La falta de conocimiento de las implicancias positivas de la danza en la vida hace que quede, muchas veces, excluida de los presupuestos y programas que persiguen objetivos más tangibles y de corto plazo. Considerar que lo artístico es una disciplina que se vincula con un simple pasatiempo y no con el proyectado devenir cotidiano de las personas, constituye un error que poco a poco se va descubriendo.
Es necesario transitar nuevas direcciones desde las que se establezcan alianzas entre instituciones educativas y culturales para crear ambientes que fortalezcan la inserción de la danza en la sociedad. El conocido especialista en creatividad, Sir Ken Robinson, es un gran defensor de la búsqueda del elemento o pasión de cada individuo para alcanzar tanto la realización personal como una vida profesional. La danza es entonces una alternativa que cobra su real dimensión a la luz de la ciencia.
Si Usted está pensando en incorporar la danza a su vida, haga simplemente como nos dice el crítico de arte Samuel Beckett:

“Baila primero, piensa después, es el orden natural”

Marcial Pérez, Presidente de Neuraltis

Fuente: Neuraltis